Costuras, fotografías y pancartas: los tesoros que las asociaciones traen a la Feria
Photo: Most Craft, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Hay quien acude a la Feria de Asociaciones de Coslada en busca de información: horarios, cuotas, actividades. Pero quienes recorren los pasillos con más calma descubren algo distinto. En cada mesa, junto a los trípticos ordenados en abanico, hay objetos que no aparecen en ningún folleto y que, sin embargo, resumen décadas de vida asociativa.
Un bastidor como carta de presentación
En el stand de una de las asociaciones de mayores de la ciudad, la atracción no es el cartel ni el listado de talleres, sino un hombre que borda en vivo. Con las gafas caladas en la nariz y el bastidor apoyado en las rodillas, trabaja sin prisa mientras los visitantes se detienen a observar. La pieza que tiene entre manos, un mantel con motivos florales, lleva semanas de labor y aún le quedan varias por delante.
«Cuando la gente ve que esto se hace a mano, se acerca y pregunta», explica mientras ajusta una hebra. No es una puesta en escena: es exactamente lo que hace cada martes en el taller del centro cívico. La diferencia es que, durante el fin de semana de Feria, ese taller se traslada al pabellón. El bordado funciona como un imán y, de paso, desmonta el tópico de que las asociaciones de mayores solo juegan a las cartas.
La pancarta que ya no se estira del todo
Otro de los objetos recurrentes en los stands es la pancarta de fundación. Algunas asociciones conservan con celo la tela con la que participaron en su primera manifestación o en la celebración de su constitución. Los colores se han apagado, las esquinas se han ido deshilachando y alguna letra se ha desprendido, pero ninguna de ellas está dispuesta a renovarla.
«Esta es la original, de hace más de treinta años», señala una responsable de un colectivo vecinal mientras la despliega con cuidado sobre la mesa. «La hemos usado para todo: para el desfile, para la foto de cada aniversario, para las reivindicaciones». La pancarta funciona, en la práctica, como un estandarte familiar: reconocible, gastada por el uso y cargada de aniversarios.
Fotografías que son un archivo del barrio
Las asociaciones culturales y deportivas suelen llevar a la Feria fotografías de gran formato. En muchas mesetas cuelgan imágenes de los primeros años: la excursión en autobús de 1998, el equipo que ascendió de categoría, la obra de teatro representada en un local prestado. Son instantáneas de calidad desigual, muchas escaneadas de negativos originales, pero funcionan como un archivo visual del municipio.
Los visitantes mayores se detienen delante buscando caras conocidas. Los más jóvenes preguntan dónde estaba aquel local que ya no existe o cómo era aquel descampado donde hoy hay un polideportivo. Sin pretenderlo, estas fotografías componen una crónica de la transformación urbana y social de Coslada, contada desde los clubes y colectivos que la habitaban.
Artesanía, recetas y objetos que viajaron
Las asociaciones de vecinos llegados de otros países aportan a la Feria una dimensión distinta. En sus stands no faltan piezas artesanales traídas del lugar de origen: tejidos, instrumentos pequeños, recipientes tradicionales, libros de cocina en varias lenguas. Cada objeto viene acompañado de una explicación que va mucho más allá de su función.
Un cestillo de mimbre puede ser la excusa para hablar de un pueblo concreto, de una técnica que se aprende de niña o de la razón por la que una familia emigró y terminó echando raíces en Coslada. Estos objetos viajados son, a menudo, los que generan conversaciones más largas en los pasillos, porque invitan a preguntar y a escuchar.
Lo que hay detrás de cada meseta
Quienes organizan la Feria saben que la selección de estos objetos no es casual. Semanas antes de la cita, muchas asociaciones debaten qué llevar: qué pieza representa mejor su historia, qué objeto genera más conversación, qué imagen resume mejor su labor. Algunas preparan auténticas pequeñas exposiciones; otras prefieren la sencillez de un objeto único y bien contado.
El resultado es que la Feria funciona también como un museo efímero y participativo del municipio. No hay vitrinas ni audioguías, pero sí personas dispuestas a explicar por qué ese bastidor, esa pancarta o esa fotografía importan. La próxima vez que recorra los pasillos, vale la pena detenerse un momento más en cada mesa: detrás del folleto informativo hay, casi siempre, una historia esperando a que alguien la pregunte.