Antes de que abra el primer stand: los turnos que nadie ve en la Feria de Asociaciones
Photo: event venue cleaning staff maintenance worker empty exhibition hall early morning, via westlinkcommercialcleaning.com.au
A las siete de la mañana del sábado, el recinto ferial de Coslada está en silencio. Ningún visitante, ningún stand abierto, ningún folleto repartido. Sin embargo, ya hay movimiento: una fregona avanza por el pasillo central, un técnico revisa el cuadro eléctrico y una persona de seguridad anota por radio que la puerta oeste queda lista. La Feria de Asociaciones no empieza cuando cortan la cinta; empieza horas antes, con quienes casi nunca salen en las fotografías.
Un día que arranca de madrugada
El equipo de mantenimiento llega primero. Su tarea es tan rutinaria como imprescindible: comprobar el alumbrado, revisar tomas de corriente, colocar las señalizaciones y asegurarse de que cada asociación cuente con lo que pidió en su dossier de montaje. «El año pasado una peña gastronómica necesitó una toma extra para conservar alimentos. Lo resolvimos antes de las nueve», recuerda uno de los técnicos con la naturalidad de quien lo ha vivido muchas veces.
Ese trabajo previo no admite improvisación. Cada edición, el personal recibe un plano del recinto con la ubicación de los stands, las zonas de carga eléctrica y las rutas de evacuación. Nada se deja al azar, porque cuando el público entra, no hay tiempo para corregir.
La limpieza que no se nota (y eso es un éxito)
Si un visitante no piensa en la limpieza durante su recorrido, el equipo lo interpreta como un logro. Durante las jornadas de la Feria, las cuadrillas trabajan en turnos solapados: una pasa por los pasillos cada dos horas, otra atiende los aseos y una tercera se ocupa de los puntos de reciclaje, donde se separan cartones de montaje, plásticos y restos de degustaciones.
Las anécdotas abundan. Hay quien ha recuperado gorras, llaves y hasta un paraguas de estilo inconfundible que terminó en objetos perdidos. Y hay gestos pequeños que explican el espíritu del recinto: «Muchos de los que limpiamos somos vecinos. Cuando llega el stand de la asociación de nuestro barrio, saludamos y charlamos un momento. Es nuestra Feria también».
Seguridad con rostro vecinal
El equipo de seguridad tiene la misión menos visible y quizá la más delicada. Controla los accesos, vigila los puntos de carga y descarga durante el montaje, y coordina con Protección Civil y con la Policía Local cualquier incidencia. Su labor, sin embargo, se mide por lo que no ocurre.
«Un buen día de Feria, para nosotros, es un día sin incidencias», explica uno de los responsables de turno. Su rutina incluye recorridos periódicos por cada pasillo, atención a familias con carritos de bebé y una coordinación constante por radio con el puesto de información. En un evento con perfil familiar y público de todas las edades, la prevención lo es todo: suelos sin obstáculos, salidas despejadas y una respuesta rápida ante cualquier aviso.
Después de las luces: el desmontaje
Cuando el último visitante se marcha y las asociaciones recogen sus banderolas, comienza la segunda jornada del personal del recinto. El desmontaje exige tanto orden como el montaje: retirar cableado, desmontar estructuras, barrer y fregar los pasillos, y devolver el espacio a su estado original. Solo cuando la última tira de celofán ha caído en el contenedor adecuado, el equipo firma el cierre de la edición.
Hay un ritual que se repite cada año: apagar las luces del recinto, sección por sección, hasta dejar el pabellón a oscuras. Quien lo hace sabe que detrás quedan dos días de encuentros vecinales, cientos de conversaciones en los stands y una ciudad que, durante un fin de semana, se reconoció a sí misma en sus asociaciones.
Un reconocimiento pendiente
Las cifras de participación, el número de asociaciones y los visitantes suelen protagonizar el balance de cada edición. Quedan fuera, en cambio, los nombres de quienes cargaron stands, fregaron suelos y vigilaron puertas. Este reportaje es un intento de corregir ese desequilibrio.
La Feria de Asociaciones de Coslada es, ante todo, un trabajo colectivo. Y como todo trabajo colectivo, descansa sobre hombros que apenas se ven. La próxima vez que el recinto abra sus puertas, merece la pena mirar también hacia ellos: los hogares invisibles que hacen posible que, durante un fin de semana, Coslada entera quepa en un mismo pabellón.