Cerrar los ojos y escuchar la Feria: un mapa sonoro de los pasillos de Coslada
Photo: Derek Bridges, CC BY 2.0, via Wikimedia Commons
Quien llega por primera vez a la Feria de Asociaciones de Coslada suele describirla con imágenes: los estandartes, las mesas informativas, el ir y venir de vecinos entre los pabellones. Pero existe otra forma de recorrerla, menos evidente y quizá más fiel a su espíritu: escucharla. Cerrar los ojos unos segundos en cualquier pasillo es suficiente para darse cuenta de que cada rincón del recinto tiene su propia banda sonora.
Un territorio que se puede oír
La idea del mapa sonoro no es una licencia poética al uso, sino una constatación. Las asociaciones no solo exponen: suenan. Cada colectivo aporta al conjunto una textura acústica reconocible, y el visitante atento puede orientarse en el recinto casi sin mirar los carteles.
Junto a la zona de peñas, el tambor y la dulzaina anuncian su presencia antes de que el visitante distinga los colores de la agrupación. En el área reservada a las entidades culturales, el tono baja: se escuchan fragmentos de lecturas en voz alta, recomendaciones de libros susurradas y alguna que otra discusión amable sobre una novela. Más allá, la sección de asociaciones de mayores se distingue por un repertorio que va del cuplé al bolero, cantado a media voz mientras se reparten folletos de los talleres de la temporada.
Las charangas: el latido del recinto
Si algo funciona como sistema de aviso sonoro de la Feria, son las charangas. Su paso por los pasillos marca los momentos clave del fin de semana: la inauguración, la entrega de menciones, el cierre. Los organizadores lo reconocen sin ambigüedad: cuando la charanga suena, la gente se aglutina.
«Somos el reloj del evento», explica con humor un percusionista de una de las agrupaciones participantes. «Si nos oyes venir, es que está pasando algo». Su repertorio, una mezcla de pasodobles y canciones populares adaptadas para viento metal y percusión, atraviesa el recinto de punta a punta y obliga a las conversaciones a hacer una pausa de tres minutos. Nadie parece quejarse.
Voz en alto: los clubes literarios y la palabra compartida
En el extremo opuesto del espectro sonoro se sitúan los clubes de lectura y las asociaciones de fomento del idioma. Su contribución a la Feria es de otra naturaleza: lecturas en círculo, micrófono abierto para poemas, relatos breves que el visitante puede interrumpir con preguntas.
Una de las responsables de un club literario del municipio lo resume así: «Nuestro stand no llama la atención por el ruido, sino por lo contrario. La gente se acerca porque oye una voz que lee despacio, y eso, en medio del bullicio, casi funciona como un imán». Algunas ediciones han incluido lecturas en varios idiomas, un guiño a la diversidad de orígenes que caracteriza a Coslada y que convierte el pasillo en un pequeño mapa de acentos.
El murmullo como fondo: lo que no tiene cartel
Hay una tercera capa en este mapa sonoro, la más difícil de documentar: el murmullo general. Cientos de conversaciones simultáneas —un empadronamiento informado en el stand de una asociación de consumidores, una familia negociando qué taller de artes marciales elegir, dos vecinas que no se veían desde hace años— componen un fondo continuo que da al evento su temperatura humana.
Los responsables de la organización lo tienen en cuenta incluso en el diseño del recinto: la disposición de los stands busca que las actuaciones no ahoguen por completo las zonas de diálogo. El equilibrio no siempre es perfecto, pero el resultado final es un sonido mixto, denso y reconocible, que los habituales identifican nada más cruzar la puerta.
Un mapa vivo que crece cada año
El mapa sonoro de la Feria no está cerrado. Cada edición incorpora nuevas voces: corales que ensayan fragmentos de su repertorio, grupos de teatro que ensayan sus diálogos frente al público, radios municipales que retransmiten en directo. La propuesta de esta colaboración editorial es sencilla: la próxima edición, antes de mirar el plano del recinto, haga la prueba de caminar los primeros minutos con atención puesta en los oídos. El visitante descubrirá que la Feria de Asociaciones de Coslada también se puede leer como una partitura, con sus fortísimos, sus susurros y sus silencios que, como el de las lecturas compartidas, quizá sean los más memorables de todos.